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El secreto de sus ojos – Juan José Campanella y Eduardo Sacheri [2009]

21/01/2011 Deja un comentario

La novedad desprende un aura que nos atrapa, nos transporta más allá de nuestro criticismo, ante esa utopía reconstruida cada día. La originalidad contiene en sí la promesa de redención, y eso a veces abruma. Pero a menudo sólo se trata de algo desenterrado que parece nuevo, cuando sólo se ha puesto al día bajo la etiqueta de “mejorado”.
Estos días en que la falta de creatividad es premiada tanto en presupuesto como en taquilla, resulta tremendamente agradable ver que una película como El secreto de sus ojos tenga éxito (Oscar 2009 a la película de habla no inglesa) y reconocimiento de la crítica.

Lo que ofrece Campanella no es nada nuevo, recoge la obra de Eduardo Sacheri (La pregunta de sus ojos) y la traduce a imágenes. Tanto la historia original como su adaptación son clásicas, en forma y fondo. Pero el resultado es tan preciso y tan cuidado que deslumbra. La experiencia rezuma en cada plano, en cada línia de diálogo. El ritmo de la película viene marcado por el desarrollo de los personajes, aunque también hay varios impactos destacables, de tal manera que consigue un entretenimiento que no insulta al espectador.

Resumir la trama en una cómoda sinopsis significa correr el peligro de que quedara injustamente prejuzgada, echada al cajón con el resto de romances y cine negro. Porque en la historia tienen tanto peso Irene y Benjamín como Sandoval, Morales o Gómez. Y en este sentido la interpretación es inmejorable. Ricardo Darín (Benjamín) parece que no envejecerá nunca, aunque lo ponga en el guión, y creo que podrá convencerme de cualquier cosa durante muchos años más. Pablo Rago (Morales) consigue contener el dolor en un gesto que acaba leyéndose en los ojos de Javier Godino (Gómez), haciendo justicia al título.

En este caso, en que la experiencia es capaz de extraer la imágen de la piedra, la novedad reside en ese difícil extremo que es la perfección, tanto narrativa como técnica (el plano secuencia de cuatro minutos merece un premio). Pero una perfección completamente empapada del cariño del buen hacer. Sin duda, son películas como esta las que dan ganas de encontrarle un sentido a la existencia.

El secreto de sus ojos – Filmaffinity

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Salinui chueok (Memories of Murder) – Bong Joon-ho [2003]

21/09/2010 Deja un comentario

En el año 1986, en una zona rural de la provincia de Gyeonngi, Corea del Sur, aparece el cadáver de una jóven. El examen médico recoge trazas de semen de un violador, pero las características del crímen lo hacen pensar sin realizar ese examen. Con la ropa interior tapándole los ojos, la joven es amordazada, maniatada y posteriormente es asfixiada hasta la muerte.
En apenas unas semanas el crímen se vuelve patrón y el asesino un fantasma. No obstante, la policia de la  zona es torpe, violenta y carece de las aptitudes para entender la singularidad de los dos crímenes. Por suerte o desgracia, de Seul llega un joven investigador quien, con perspicacia y aborreciendo los violentos métodos de la policia local, empieza a desgranar la situación y encontrar pistas.

Memories of Murder recrea la investigación policial de los asesinatos en serie que ocurrieron entre 1986 y 1991 y que dejaron en estado de shock a todo el país. No es la típica película que yo suelo comentar en este blog, ya que se trata de un filme más narrativo que otra cosa.  Sin embargo, el modo en que Bong Joon-ho traza con tal delicadeza la línea que une la cordura de la locura mientras es capaz de construir una historia muy atractiva y que, guardando las distancias, no tiene nada que envidiar a los thrillers norteamericanos me obliga a dedicarle una entrada, aunque sólo sirva para recomendarla.
El filme contiene en sí, como una píldora,  los diferentes elementos que han hecho tan popular al cine coreano y también asiático en los últimos años (a excepción de Kim Ki-duk): multitud de referencias a la edad de oro de Hollywood; un uso enérgico de la música pero a la vez buscando la recurrencia y significación de las melodías; una fotografía cuidada a lo grande; unas tramas muy dramáticas pero en las que no falta el humor y un desarrollo lento pero respetable de los personajes principales.

En esta dirección se traza la línea mencionada al examinar la crudeza del crímen, uno que además se repite para refinar su horror y a la vez desmontar al joven investigador. La búsqueda de la redención y el castigo se cobran su precio, pero acaban por dejar indefensas a las víctimas que ven como el asesino sigue libre, aun por encontrar.
Resuena en este punto la singularidad del contexto histórico de los crímenes. En 1986 Corea del Sur estaba bajo el dominio militar de Chun Doo-hwan, quien consiguió el poder mediante el segundo golpe de estado que el país sufrió desde la desocupación japonesa después de la Segunda Guerra Mundial. El tosco y duro gobierno de Chun, que promovió el desarrollo económico que caracteriza a Corea del Sur respecto a sus vecinos del Norte, buscaba un cierto personalismo presente en la misma película combinado con una paranoya anti-Norte que parece extenderse durante toda la historia del país. La oposición de diversos colectivos, entre ellos el estudiantil,  se saldó con represión y masacres.
El silencio que se respira en todos los gobiernos represivos que tratan de controlar las ideas sirve de medio para que las muertes queden incontestadas, sin solución.

Ante este muro de hormigón la inercia propia de crimen nos conduce a un limbo,  sin perder la rabia que nos obliga a avanzar, pero sin ninguna dirección factible a la que ir. Las ideas del culto y perspicaz detective se convierten en las absurdidades del provinciano. La distancia entre medio urbano y rural, tan presente en la otra gran película de Bong (Gwoemul, The Host), se dobla para tocarse en el extremo donde la desesperación violenta, que surge del método policial y de las estructuras que toma el poder, domina toda experiencia.
Tanto de los asesinatos como de la dictadura se dice que la búsqueda de criminales sólo dejó más vulnerables a las víctimas por la violencia que generaba el propio proceso. Ahí, en la cruel inmensidad del crímen, es donde no podemos dejar de tragarnos el aire manido que nos asfixia más y más.

Salinui chueok (Memories of Murder) – IMDB

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