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Palindromes – Todd Solondz [2004]

05/04/2011 Deja un comentario

“Quiero tener muchos bebés, porque así siempre tendré alguien a quien querer” Aviva, Palindromes

Emociones que llevan a la militancia más fundamentalista, que encierran el debate en marcos comunitarios y obvian el personalismo inherente a la cuestión. Motivos de segunda mano, decorados con purpurina. No soy quién para pedirle discursos elaborados a un niño, pero suelen ser sintomáticos de algo más general.

Con apenas 13 años, Aviva ya sabe que quiere ser madre, y cuanto más mejor. La estadística nos ha enseñado que la maternidad, además de una experiencia importantísima en la vida de la mujer, también es natalidad y que, por tanto, puede ser cuantificada. Pero la ciencia se pretende neutra; es decir que el valor añadido, lo emotivo y humano del asunto, es una cuestión cultural que sin embargo ha sido pasada por el tamiz de la economía. El caso de Aviva recuerda a los anuncios de muñecas en los que normalmente niñas de 5 o 6 años fingen ser madres. Por eso, cuantos más muñequitos mejor. Aunque quizá el análisis sea exagerado, no deja de ser escalofriante. Pero para Joyce, la madre de Aviva, es precioso.

Esa es la especialidad de Todd Solondz, convertir lo cotidiano en grotesco o, por utilizar un tópico ilustrativo, levantar la alfombra. No sólo se trata de presentar las incoherencias, se trata de exagerarlas hasta que resulten efectivas.  ¿Quieres maternidad? Hablemos de aborto, de violaciones y de pedofilia. Situemos las preguntas en contextos extremos, pero reales. De esta manera saltan los prejuicios e instalan un estado de emergencia. Lo enterrado, lo supuesto, se hace visible y el mundo adulto debe revolverse para esquivar el golpe, para matizar ese discurso de tienda de juguetes. Entonces se descubre ese infantilismo ornamentado debajo de la seriedad de la mayoría de edad.

El palíndromo se forma cuando la curva se cierra y seguir adelante contiene el riesgo de no poder girar. Solondz salta al otro extremo, a la  justificación absoluta, a la red de protección de la existencia: la fe de Mama y Ed Sunshine. Huyendo de la hipocresía ante el sexo y la muerte, Aviva encuentra el paraíso, hasta que descubre las puertas que la dejan fuera. Entonces ya no es Aviva, es una puta.

Pero Aviva nunca es Aviva. Ella es siempre para alguien. Ella es para Dawn, para Judah, para Henry, para Henrietta, para Huckleberry, para Mama Sunshine, para Bob y para Mark.  Siempre diferente, siempre sometida a la mirada del otro y a la mirada de sí misma. Interpretada por siete actrices y un actor, es un palíndromo que surge por accidente, pero que para Mark está prediseñado. No obstante, lo que puede servir para describir esa sensación ambigua respecto al número Pi, falla al convertir la identidad de una persona en una sentencia, en algo estable. Como queriendo rescatar al demiurgo para que repase las líneas desdibujadas, para que vuelva a levantar las definiciones que el pensamiento occidental tardó más de dos mil años en romper.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo, las "caras" de Aviva: Emani Sledge, Valerie Shusterov, Hannah Freiman, Rachel Corr, Will Denton, Sharon Wilkins, Shayne Levine y Jennifer Jason Leigh

 

Palindromes – IMDB

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4 luni, 3 saptamâni si 2 zile (4 meses, 3 semanas y 2 días) – Cristian Mungiu [2007]

09/01/2011 Deja un comentario


Un impacto que no puedes obviar o tacharlo de perverso. La fuerza de la realidad a secas, hacía tiempo que no experimentaba algo tan potente. Sobretodo después de descubrir la versión creativa del poder, es decir, tanto la producción explícita de discurso que acaba convirtiendo el objeto en algo prediseñado, como la multiplicidad de criterios, que llena el espacio de conocimiento y acaba relativizándolo todo. Me doy cuenta de la fuerza de la objetividad, después de tanto tiempo despotricando de ella.

El cine, como arte masivo o masificación sin más, ha sido utilizado para producir tal cantidad de discursos que a menudo identifico las películas con conflictos o ideas en vez de darles la oportunidad de mantenerse en silencio. A veces es fácil olvidarse de esa extensión de los sentidos que los trailers y las productoras nos han prometido hasta la saciedad, quizá porque los relatos que recibiamos tenían que ser tan fuertemente entrecomillados que la promesa perdía su sentido.

4 luni, 3 saptamâni si 2 zile no sólo trata sobre el aborto, no se trata de una conversación abstracta sobre la infinitud que se corta de raíz al interrumpir el embarazo o  al dar a luz, según como se mire. La película muestra el miedo, la confusión, la ansiedad, la agonía y la rabia de dos chicas, algo tan personal y sin embargo ya previamente condenado por decreto. La sinceridad de las emociones, que el reparto consigue interpretar con tanta humanidad, es casi catártica, repinta nuestros estándares y dispone de nuevo todas nuestras experiencias.

El contexto político es central para la historia ya que de él proviene el juicio. La política natalista de la dictadura de Ceaucescu sin duda es una situación extrema para considerar la cuestión del aborto, pero permite formular la pregunta con varias dimensiones. Sí, hablamos del porvenir de la especie pero también de la vida de una chica de poco más de 20 años. Hablamos de política pero también de esperanzas y temores. Hablamos de maternidad pero también de economía. Hablamos de infinitud pero también de condicionamiento. El conflicto nos revela que, como en un fractal, la infinitud, la quintaesencia de la esperanza, también nace de la mera autorepetición.

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Offside – Jafar Panahi [2006]

07/05/2010 Deja un comentario


8 de Junio de 2005, Irán se enfrenta a Bahrein en lo que puede ser el pase directo al Mundial de Fútbol de Alemania 2006.  En el estadio de Azadi se juntan casi cien mil espectadores, la mayoría iraníes, en lo que es una de las mayores fiestas nacionales. Cerca pero lejos, sólo dos semanas, queda la muerte de siete aficionados en los disturbios que se generaron por al victoria ante Japón.

Fuera, en los exteriores del campo, una chica es interceptada en la entrada, después de viajar en autobús, comprar una entrada en la reventa e intentar entrar al partido. El joven soldado la detiene y la lleva a un recinto vigilado por dos soldados más. Son apenas tres vallas de metal en uno de los pasillos exteriores del estadio. Dentro hay tres chicas con camisetas, banderas o gorras para esconder el pelo y con la cara pintada para evitar ser reconocidas.  Luego llegarán más, disfrazadas y casi irreconocibles, anónimas.
Las mujeres no pueden entrar en los estadios de fútbol, hay muchos insultos y está lleno de hombres. Los soldados, como hermanos o padres de otras mujeres ejecutan órdenes para mantener la moralidad. La mujer no puede escuchar todo eso, no lo soportaría.
A apenas unos metros de una de las mayores histerias colectivas de Irán, casi comparable a las manifestaciones en contra de la represión gubernamental, se entabla un debate desigual donde todo termina llevando a las órdenes.
Los soldados son jovenes y saben lo que está pasando, pero aun así lo único que se juegan es ser soldados el resto de su vida por no acatar órdenes. Los ideólogos no están presentes, sólo los particulares.

Esta vuelta a lo concreto presenta multitud de incongruencias en los discursos paternalistas de la moral, en este caso musulmana en su versión iraní. Unas incongruencias que nacen de un choque generacional que dura demasiado y que tiene una fuerza implacable. La frontera entre lo prohibido y lo permitido se desvanece cuando ese choque baja a la tierra, cuando los casos son concretos.
Aun así, la fuerza del dominio puede acallar hasta lo más singular, lo más innegable. En una entrevista, Panahi comenta:

“Unas 110.000 personas llenaron las gradas. A la salida había un helicóptero militar rodeado de soldados delante del estadio para que nadie se acercara. Los soldados empezaron a empujar a la multitud y siete personas murieron pisoteadas. Sin embargo, la prensa iraní solo publicó fotos de seis de los fallecidos. Se rumoreó que la séptima víctima era una chica. No tenemos pruebas, pero sí sabemos que entre los heridos había una chica disfrazada de chico.”

Al final, lo único que vence al silencio impuesto es el recuerdo.

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La teta asustada – Claudia Llosa [2009]

23/04/2010 Deja un comentario

El silencio heredado. La implosión del cuerpo. La teta asustada es una instantánea, no una historia, una fotografía que quizá permita intuir un camino, que lleva al bosque pero no te facilita la salida. El miedo como educación, y no experiencia, pero como una educación casi inevitable, ante la que no podríamos rebelarnos. El miedo a todo, el miedo a la propia vida.

Fausta observa en silencio, oculta tras un muro, tras la oscuridad de sus ojos. El silencio de sus pasos, de su ansiedad, de su desconfianza y de su futuro. El silencio que brota de su boca en forma de música, cantada en un idioma casi privado. La agonía faulkneriana puebla un corazón vuelto hacia dentro, que escupe sangre más que dirigirla.

El silencio destroza el cuerpo, lo descompone hasta quedar sólo un impulso de cerrazón. La mano aprieta, pero no puede abrirse. Desde dentro crece paulatinamente la muerte, una muerte elegida ante el miedo. La obsesión por la seguridad que nace del estado de shock. La incomprensión no conoce nada de lo que se le muestra, solo observa, absorbe.

Ante el silencio tenemos dos opciones, darle voz o ponerle la nuestra. Quizá queramos protestar por encima de todo, mostrando una a una las penurias del pasado. Quizá no aprobemos la respuesta de la propia víctima, conociendo más su sufrimiento que ella misma. Pero, aun en la seguridad del bien y del mal, ¿acaso no es el asco lo que espanta a los asquerosos? Lo social es sólo un armisticio.


IMDB – La teta asustada

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