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¡Copiad, malditos! – Stéphane M. Grueso [2011]

18/04/2011 2 comentarios

Hace algo más de un mes coloqué en el menú lateral de este blog la licencia By-nC-Sa de Creative Commons. Permite crear obras derivadas de mis posts sin ánimo de lucro siempre que se cite mi autoría. Más allá del interés que puedan tener mis textos para que alguien decida copiarlos, la reflexión que hay debajo de ese pequeño gesto es digna de explicar, sobretodo después de ver el documental ¡Copiad, malditos! que se emitió en La 2 el domingo y que se puede ver íntegramente online.

Al principio del documental, el abogado Javier de la Cueva dice que la copia es la génesis de la creación. Hacia el final también la asimila al aprendizaje con la brillante metáfora de la caligrafía. La posición contraria, sin embargo, considera que la creación exige originalidad y que, por tanto, la copia va en contra. Pero, ¿en contra de qué? ¿De la cultura? ¿Del arte? ¿O solamente de la teoría del diseño inteligente?

La cuestión de lo nuevo y lo original está mediatizada por categorías que traicionan a su propio significado. ¿Qué quiere decir original en un mundo histórico? ¿Es posible conseguir algo genuinamente nuevo o necesitamos volver a crear el mundo para borrar todo antecedente que pudiera ser considerado una influencia? Más aún, ¿realmente importa la originalidad?

Collage CC de Argazkiak.org

El valor de la autoría y del derecho de propiedad intelectual proviene de una mercantilización de la obra. Si voy a venderla, me preocupa que la gente sepa que es mía. La industria se ha construido alrededor de esta univocidad y ha adoptado una estructura similar: unidireccional y vertical. Hoy en día internet ha diversificado la relación autor-audiencia, lo que, irónicamente, ha mejorado la vida de algunos creadores, que habían levitado tanto que estaban demasiado lejos de sus fans. Pero sobre todo ha permitido que el aspecto social de la cultura, aquél que se alegra de que los demás tengan algo que decir, se potencie al máximo.

Para mí, el tema de la autoría sigue vigente, pero sólo como un ejercicio de responsabilidad del autor, que ofrece su punto de vista a los demás sin considerar que éste sea el único.  La cuestión económica es inevitable, porque todo sigue teniendo un precio, pero se están encontrando alternativas más justas y cercanas al público como Filmin o nuevas estrategias de producción y financiación como el crowdfunding. En el cine destaca el caso de El Cosmonauta, pero ya hay varias plataformas que permiten la financiación másiva.

El cine, además, al ser una producción colectiva que suele ser muy cara, tiene que lidiar con las dos cuestiones de manera contínua. Por eso es interesante el documental de Grueso y su análisis de lo que hay detrás de palabras que están perdiendo su sentido, como copia o piratería. Además, el pasado trimestre realicé un reportaje sobre el tema en el que entrevisté a algunos de los que salen en el documental.

Inside Job – Charles Ferguson [2010]

27/03/2011 Deja un comentario

Poster promocional

Mis amigos tienen suerte. Cuando les digo que el mundo como tal sólo es el resultado de unas fronteras sociales que en el fondo son arbitrarias, no me hacen caso. Y hacen bien. Al fin y al cabo no les reportaría mucho, tan sólo un dolor de cabeza similar al que sobreviene después de escuchar muchas veces la misma palabra: la combinación de letras es absurda, no significa nada por sí misma. En este sentido siempre he sido un poco libertario: vive y deja vivir.

Los amigos de J.P.Morgan, Richard Fuld (Lehmann Brothers),  Lloyd Blankfein (Goldman Sachs), Angelo Mozilo (Countrywide) o Henry Paulson (Secretario del Tesoro de USA) también tienen suerte. Mucho antes que nosotros, compradores de software barato en grandes superficies, ellos gozan de una realidad virtual tan avanzada que ofrece beneficios materiales. Un “juego” que satisface sus impulsos, su personalidad agresiva, con miles de planos interrelacionados en los que literalmente viven personas reales. Todo queda traducido a un lenguaje incomprensible, elitista, que han creado ellos mismos para sus amigos: subprime, derivativos, CDOs,… Sancionado además por agencias de rating con enormes conflictos de intereses (el caso de AIG asusta).

La respuesta podría ser la típica: no hay problema, en un par de años llegará al resto de los mortales, como pasó con Internet o el GPS. Y sí, llegó, en forma de una de las mayores crisis económicas de la historia, que, por cierto, ya tiene nombre y fecha de caducidad:  late-2000s financial crisis. Los resultados son tan tangibles que permiten replantear el constructivismo y convertirlo en la teoría vigente.

Más allá de señalar a los culpables, los mencionados más arriba son sólo nombres “visibles”, posiblemente acusados por otros que quieren manetenerse en la sombra, cabe preguntarse cómo una herramienta administrativa se ha convertido en el centro de nuestro universo. Sin querer sonar pedante, recurrir al griego antiguo a veces facilita las cosas. Economía proviene de oikos (οίκος) y nomos (νόμος), que significan hogar y ley, y se aplicaba a todas las actividades para mantener el hogar, el dinero como tal era algo complementario. Supongo que todo tiene que ver con la manera en la que nos relacionamos, pero no tengo ganas de establecer causas así que eso os lo dejaré a vosotros (si queréis comentar algo).

Lo que sí me parece curioso del documental en sí, es que la mayor respuesta que tiene contra estos señores es considerar que tienen una ludopatía aguda. Incluso entrevistan a un terapeuta especializado y a una madame para explicar que todo esto sólo se basa en la adrenalina,  cocaína y prostitutas. No deja de parecer un berrinche de crío ante una guerra nuclear, melodiosamente narrado por Matt Damon y sustentado en decenas de voces diferentes. Sin duda sirve para entender todo el universo de definiciones amañadas en el que nos han metido, pero le falta algo.