Synecdoche, New York – Charlie Kaufman [2008]

02/05/2011 Deja un comentario

La máxima honestidad, representar la realidad tal como es, despachar la complejidad con un sencillo gesto: no hay discurso. La obsesión de Caden está más allá del resto, las anula con un argumento que, aun sabiendo que no tiene apoyo alguno, no deja de ser tan devastador como para silenciarlo todo. La muerte como medida de todas las cosas, como lo absolutamente contrario a la acción, define. Obliga al temeroso a replicar, a producir de manera constante.

El síndrome de Cotard, elegantemente disfrazado de apellido, empuja al protagonista a seguir ese deseo de inmortalidad, de una manera que place a los demiurgos. La re-creación de una parte de la existencia, ad infinitum, como una ofrenda a ese todo. Ese intento de captar el instante al volverlo a poner en escena, una y otra vez, sabiéndose responsable de un bucle.

En el centro: Hazel (Samanta Morton) y Caden (Phillip Seymour Hoffman), rodeados de los actores de la obra.

Pero la representación no es una realidad paralela de dos dimensiones, sino que se revuelve y fuerza el cambio, un cambio que fuerza otro, como una cadena inacabable que acerca a Caden a la tumba mientras, aunque él no se de cuenta, sigue vivo. Porque él dirige su obra pero no es más que otro personaje. Synecdoche, New York es, en este sentido, también una infinitud de películas, una suerte de mezcla entre el montaje de Kaufman y los montajes de Cotard. Una reflexión sobre la memoria,  la representación del tiempo, y la narratividad de algo que empieza siendo un ego pero que se descubre  multiplicado dentro de sí mismo.

Sin duda un salto en la producción de Kaufman, al menos en complejidad y seriedad.  Si bien es cierto que toda la paranoya de esta película está anunciada en el resto de sus guiones, aquí decide llevar esa metanarrativa al máximo. Sería interesante ver cómo la hubiera dirigido Spike Jonze, quien rechazó el proyecto para poder trabajar en Where the wild things are. Aun así, como pasó en Adaptation, está claro que el cine gana cada vez que Kaufman tiene que plantearse su arte.

¡Copiad, malditos! – Stéphane M. Grueso [2011]

18/04/2011 2 comentarios

Hace algo más de un mes coloqué en el menú lateral de este blog la licencia By-nC-Sa de Creative Commons. Permite crear obras derivadas de mis posts sin ánimo de lucro siempre que se cite mi autoría. Más allá del interés que puedan tener mis textos para que alguien decida copiarlos, la reflexión que hay debajo de ese pequeño gesto es digna de explicar, sobretodo después de ver el documental ¡Copiad, malditos! que se emitió en La 2 el domingo y que se puede ver íntegramente online.

Al principio del documental, el abogado Javier de la Cueva dice que la copia es la génesis de la creación. Hacia el final también la asimila al aprendizaje con la brillante metáfora de la caligrafía. La posición contraria, sin embargo, considera que la creación exige originalidad y que, por tanto, la copia va en contra. Pero, ¿en contra de qué? ¿De la cultura? ¿Del arte? ¿O solamente de la teoría del diseño inteligente?

La cuestión de lo nuevo y lo original está mediatizada por categorías que traicionan a su propio significado. ¿Qué quiere decir original en un mundo histórico? ¿Es posible conseguir algo genuinamente nuevo o necesitamos volver a crear el mundo para borrar todo antecedente que pudiera ser considerado una influencia? Más aún, ¿realmente importa la originalidad?

Collage CC de Argazkiak.org

El valor de la autoría y del derecho de propiedad intelectual proviene de una mercantilización de la obra. Si voy a venderla, me preocupa que la gente sepa que es mía. La industria se ha construido alrededor de esta univocidad y ha adoptado una estructura similar: unidireccional y vertical. Hoy en día internet ha diversificado la relación autor-audiencia, lo que, irónicamente, ha mejorado la vida de algunos creadores, que habían levitado tanto que estaban demasiado lejos de sus fans. Pero sobre todo ha permitido que el aspecto social de la cultura, aquél que se alegra de que los demás tengan algo que decir, se potencie al máximo.

Para mí, el tema de la autoría sigue vigente, pero sólo como un ejercicio de responsabilidad del autor, que ofrece su punto de vista a los demás sin considerar que éste sea el único.  La cuestión económica es inevitable, porque todo sigue teniendo un precio, pero se están encontrando alternativas más justas y cercanas al público como Filmin o nuevas estrategias de producción y financiación como el crowdfunding. En el cine destaca el caso de El Cosmonauta, pero ya hay varias plataformas que permiten la financiación másiva.

El cine, además, al ser una producción colectiva que suele ser muy cara, tiene que lidiar con las dos cuestiones de manera contínua. Por eso es interesante el documental de Grueso y su análisis de lo que hay detrás de palabras que están perdiendo su sentido, como copia o piratería. Además, el pasado trimestre realicé un reportaje sobre el tema en el que entrevisté a algunos de los que salen en el documental.

Cortometrajes (I)

13/04/2011 1 comentario

Interpretar una línea narrativa larga, pausada y bien desarrollada no es fácil, pero tampoco es extremadamente complicado. A menudo sólo se trata de hacer un pequeño sumario y darle un aspecto algo poético para sorprender a los más ingenuos. Los cortos, por otra parte, son como aforismos: expresiones concentradas pero que se mueven con ligereza. Desgranarlos requiere una doble paciencia, primero para no obviar esos cinco o diez minutos como un tiempo sumamente pasajero y segundo para volver a verlos tantas veces como requieran.
Para mí siempre han sido un reto, porque no soy bueno en las distancias cortas y suelo olvidarme de los detalles. Pero he decidido prestarles la atención que se merecen aunque sea con una pequeña selección. Ante todo, gracias a Julià por pasarme las webs donde los he encontrado.

Caffeine [2011] – vídeo de la canción de Brandt Brauer Frick

Dirigido por Danae Diaz y Patricia Lunas


Un vídeoclip para empezar. Aunque el tema no es excesivamente original, me gusta el trato que le han dado a esa noción del “despertar”. Ese amanecer de la conciencia que está presente allá donde mires. Yo siempre he sido partidario de salir del sueño, de desmantelar la fantasía. Pero últimamente me decanto por pensar que la realidad es una especie de muñeca rusa. Despertar tan sólo te hace estar dormido en otro sitio. El desvelo político suele ser el más combativo y autolegitimador. Pero quizá el más conocido sea el pseudoexistencial, que ha explotado el cine en numerosas ocasiones (Matrix, Orígen,…). “¿Soy yo de verdad?” Dios mío, por donde empiezo.
El final del video busca ese reírse de sí mismo y relativizar las iluminaciones sin perder la crítica.

UMBRA [2010]

Dirigido por Malcolm Sutherland

Quizá mi favorito hasta la fecha, por su densidad pero también por lo expresivo que llega a ser el protagonista. La caída, el absurdo y el dolor: un ciclo inevitable. Perder el aliento de vida, el sustento que permite seguir adelante y sentir una profunda desesperación. Desde fuera, lo incomprensible del sacrificio y el sufrimiento.
En la página donde lo encontré (The Fox Is Black) aconsejan verlo dos veces para entender algo más. Lo que parece imposible es dejar de verlo.

Logorama [2009]

Dirigido por H5 (François Alaux, Hervé de Crécy y Ludovic Houplain)

Para terminar, una pequeña broma. Llevar al exceso una idea que no deja de ser interesante. La publicidad ha explotado tanto los mecanismos de asociación de ideas que ha conseguido un objetivo inesperado: que la realidad no exista sin las marcas. Logorama es un corto de acción sincero, porque no busca ese product placement traicionero sino que lo deja todo a la vista. También acierta al incluir una variante del desvelo que mencionaba antes, esta vez bajo la forma de la “naturaleza”.
Los diálogos están en inglés pero tampoco dicen gran cosa. Lo encontré en Sophisticated Funk

Palindromes – Todd Solondz [2004]

05/04/2011 Deja un comentario

“Quiero tener muchos bebés, porque así siempre tendré alguien a quien querer” Aviva, Palindromes

Emociones que llevan a la militancia más fundamentalista, que encierran el debate en marcos comunitarios y obvian el personalismo inherente a la cuestión. Motivos de segunda mano, decorados con purpurina. No soy quién para pedirle discursos elaborados a un niño, pero suelen ser sintomáticos de algo más general.

Con apenas 13 años, Aviva ya sabe que quiere ser madre, y cuanto más mejor. La estadística nos ha enseñado que la maternidad, además de una experiencia importantísima en la vida de la mujer, también es natalidad y que, por tanto, puede ser cuantificada. Pero la ciencia se pretende neutra; es decir que el valor añadido, lo emotivo y humano del asunto, es una cuestión cultural que sin embargo ha sido pasada por el tamiz de la economía. El caso de Aviva recuerda a los anuncios de muñecas en los que normalmente niñas de 5 o 6 años fingen ser madres. Por eso, cuantos más muñequitos mejor. Aunque quizá el análisis sea exagerado, no deja de ser escalofriante. Pero para Joyce, la madre de Aviva, es precioso.

Esa es la especialidad de Todd Solondz, convertir lo cotidiano en grotesco o, por utilizar un tópico ilustrativo, levantar la alfombra. No sólo se trata de presentar las incoherencias, se trata de exagerarlas hasta que resulten efectivas.  ¿Quieres maternidad? Hablemos de aborto, de violaciones y de pedofilia. Situemos las preguntas en contextos extremos, pero reales. De esta manera saltan los prejuicios e instalan un estado de emergencia. Lo enterrado, lo supuesto, se hace visible y el mundo adulto debe revolverse para esquivar el golpe, para matizar ese discurso de tienda de juguetes. Entonces se descubre ese infantilismo ornamentado debajo de la seriedad de la mayoría de edad.

El palíndromo se forma cuando la curva se cierra y seguir adelante contiene el riesgo de no poder girar. Solondz salta al otro extremo, a la  justificación absoluta, a la red de protección de la existencia: la fe de Mama y Ed Sunshine. Huyendo de la hipocresía ante el sexo y la muerte, Aviva encuentra el paraíso, hasta que descubre las puertas que la dejan fuera. Entonces ya no es Aviva, es una puta.

Pero Aviva nunca es Aviva. Ella es siempre para alguien. Ella es para Dawn, para Judah, para Henry, para Henrietta, para Huckleberry, para Mama Sunshine, para Bob y para Mark.  Siempre diferente, siempre sometida a la mirada del otro y a la mirada de sí misma. Interpretada por siete actrices y un actor, es un palíndromo que surge por accidente, pero que para Mark está prediseñado. No obstante, lo que puede servir para describir esa sensación ambigua respecto al número Pi, falla al convertir la identidad de una persona en una sentencia, en algo estable. Como queriendo rescatar al demiurgo para que repase las líneas desdibujadas, para que vuelva a levantar las definiciones que el pensamiento occidental tardó más de dos mil años en romper.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo, las "caras" de Aviva: Emani Sledge, Valerie Shusterov, Hannah Freiman, Rachel Corr, Will Denton, Sharon Wilkins, Shayne Levine y Jennifer Jason Leigh

 

Palindromes – IMDB

Categorías:Cine Etiquetas: , , , , ,

Inside Job – Charles Ferguson [2010]

27/03/2011 Deja un comentario

Poster promocional

Mis amigos tienen suerte. Cuando les digo que el mundo como tal sólo es el resultado de unas fronteras sociales que en el fondo son arbitrarias, no me hacen caso. Y hacen bien. Al fin y al cabo no les reportaría mucho, tan sólo un dolor de cabeza similar al que sobreviene después de escuchar muchas veces la misma palabra: la combinación de letras es absurda, no significa nada por sí misma. En este sentido siempre he sido un poco libertario: vive y deja vivir.

Los amigos de J.P.Morgan, Richard Fuld (Lehmann Brothers),  Lloyd Blankfein (Goldman Sachs), Angelo Mozilo (Countrywide) o Henry Paulson (Secretario del Tesoro de USA) también tienen suerte. Mucho antes que nosotros, compradores de software barato en grandes superficies, ellos gozan de una realidad virtual tan avanzada que ofrece beneficios materiales. Un “juego” que satisface sus impulsos, su personalidad agresiva, con miles de planos interrelacionados en los que literalmente viven personas reales. Todo queda traducido a un lenguaje incomprensible, elitista, que han creado ellos mismos para sus amigos: subprime, derivativos, CDOs,… Sancionado además por agencias de rating con enormes conflictos de intereses (el caso de AIG asusta).

La respuesta podría ser la típica: no hay problema, en un par de años llegará al resto de los mortales, como pasó con Internet o el GPS. Y sí, llegó, en forma de una de las mayores crisis económicas de la historia, que, por cierto, ya tiene nombre y fecha de caducidad:  late-2000s financial crisis. Los resultados son tan tangibles que permiten replantear el constructivismo y convertirlo en la teoría vigente.

Más allá de señalar a los culpables, los mencionados más arriba son sólo nombres “visibles”, posiblemente acusados por otros que quieren manetenerse en la sombra, cabe preguntarse cómo una herramienta administrativa se ha convertido en el centro de nuestro universo. Sin querer sonar pedante, recurrir al griego antiguo a veces facilita las cosas. Economía proviene de oikos (οίκος) y nomos (νόμος), que significan hogar y ley, y se aplicaba a todas las actividades para mantener el hogar, el dinero como tal era algo complementario. Supongo que todo tiene que ver con la manera en la que nos relacionamos, pero no tengo ganas de establecer causas así que eso os lo dejaré a vosotros (si queréis comentar algo).

Lo que sí me parece curioso del documental en sí, es que la mayor respuesta que tiene contra estos señores es considerar que tienen una ludopatía aguda. Incluso entrevistan a un terapeuta especializado y a una madame para explicar que todo esto sólo se basa en la adrenalina,  cocaína y prostitutas. No deja de parecer un berrinche de crío ante una guerra nuclear, melodiosamente narrado por Matt Damon y sustentado en decenas de voces diferentes. Sin duda sirve para entender todo el universo de definiciones amañadas en el que nos han metido, pero le falta algo.

Submarino – Thomas Vinterberg [2010]

20/03/2011 Deja un comentario

Lo que nos mueve hacia adelante es una tautología: la vida está para ser vivida. No hay vuelta de hoja, ¿no? Aun así, no seré yo el primero que destape las incoherencias, no es ese mi objetivo. Cada uno decide. Pero me suele gustar abrir horizontes, así que le dejaré la tarea a Vinterberg, que viene fuerte con su última película: Submarino.

Lo conocí en Festen y me encantó. La manera de enfocar esos huecos que hay en las relaciones familiares, ese aire rancio que se queda encerrado en el armario, era sublime. El hecho de que fuera una de las cintas Dogma le daban ese punto interesante a la historia. Luego “se convirtió en moda y murió”, como dice él mismo. No he visto ninguna más, aunque no negaré que tengo ganas.

Con su última película vuelve a poner el ojo en ese ente tan cultural. Dos hermanos,  “separados durante la adolescencia por un hecho traumático”, como reza la sinopsis, y de los que no volvemos a saber nada hasta que se enciende el mechero y han pasado treinta años. No se trata de un recurso original, pero a mi gusto le permite explicar la historia a gusto. Ahora Nick y su hermano menor, que no es nombrado en toda la película, son dos extraños, atados al mundo con diferentes nudos pero en una clara caída.

Mediante un tiempo no lineal nos sitúa en dos vidas muertas, mantenidas por esa tautología, que resulta tan poco convincente en contextos así, sustentados en la adicción y la inercia, valga la redundancia. El trauma y el cariño insuficiente los hace creerse inmunes a todo, envolviéndose en una capa de autosuficiencia, hasta que otro golpe les devuelve a la realidad: ellos no eligieron vivir, tampoco eligieron seguir viviendo.

Un final emotivo, no excesivamente catártico, devuelve al argumento al más despistado y quizá también a los dos hermanos (Jacob Cedergren y Peter Plaugborg, excelentes en el papel). “Saltar sobre un columpio”, quién lo iba a decir.

Categorías:Cine Etiquetas: , , , ,

Winter’s Bone – Debra Granik [2010]

09/03/2011 Deja un comentario

Hace unas semanas, a raíz de Animal Kingdom, escribí al vuelo unas líneas sobre la impostura de la ley y la relación con la naturaleza. Releyéndolas me doy cuenta de lo oscuro que puedo ser alguns veces. Así que, ya que Winter’s Bone me remitió a la película australiana, voy a aprovechar para intentar aclarar lo que quería decir.

A menudo contraponemos la ley humana a la naturaleza. Pensamos que la supervivencia, el instinto que rige el reino animal, se acerca en cierto modo a la normatividad, pero que no llega a serlo. Esa distancia entre el hombre y el animal se convierte en un abismo cuando prestamos atención a algunas expresiones de humanidad. Sí, somos hijos genéticos del chimpancé pero no concebimos la burocracia como una derivación de la organización social de los simios. A primera vista hay un salto cualitativo.

Irónicamente, la definición de los dos términos es nuestra. Tanto naturaleza como cultura son sólo palabras dentro de un contexto simbólico determinado. No tienen sentido fuera. Ese abismo, pues,  no es más que el resultado de la impostura de la palabra, que categoriza la realidad de una forma u otra. Pero el origen de esa separación se olvida y, cuando es recordado, nos golpea con la fuerza del absurdo, de lo incomprensible. En Animal Kingdom la respuesta superficial, y excesivamente dramática, es asimilar la vida humana a la lógica de la supervivencia animal. Pero, ¿acaso tiene sentido esta separación?

Winter’s Bone expone una situación similar. Cuando la legislación común, la que hemos interiorizado, se suspende, en su lugar se impone otra definición de términos que conocimos en su día pero que hemos olvidado: la del clan, la de la familia. Se trata de un código basado en el silencio y en el miedo. El patriarca domina en la sombra, sin amor ni conmiseración.


La película explora la jerarquía desde el punto de vista del deshechado, en este caso Ree, una chica de 17 años que tiene que cuidar de sus dos hermanos pequeños y también de su madre enferma. Necesita encontrar a su padre, un exconvicto, para que la policía no le quite la casa. Pero si algo se deduce de esa normalización que supone ese código, es que el individuo no tiene lugar. Sólo existe como parte de un todo y como tal es prescindible. Ree lucha para hacer valer su vida delante de la gran familia, pero para ello debe demostrar que existe una brecha por donde puede entrar lo extraño, lo exterior. Aun así, al final, el todo consigue cicatrizar y seguir su curso.

Sin duda es una película interesante para ser una de las competidoras de El discurso del Rey en los Oscar, con un aspecto bastante más independiente que el resto. Aunque la estructura esté algo trillada, trabaja los personajes con la calma necesaria para explicar bien la historia.

Categorías:Cine Etiquetas: , ,