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Archive for the ‘sobre Cine’ Category

Baghead – Jay y Mark Duplass [2008]

30/05/2011 5 comentarios

“Hollywood nos ha convencido de que hacen falta $100 millones para hacer una obra de arte de calidad y eso es una afirmación estúpida”

Jett Garner,  Baghead

El sueño de muchos cineastas, artistas e incluso (de algunos) periodistas, captar la vida real. El santo grial del arte, una mezcla de espontaneidad y estupidez que suele conducir a una decepción porque no se parece a lo que habíamos imaginado. Esos cien millones de dólares made in Hollywood suelen servir para convertir la realidad en aquello que debería ser, una extraña versión del imperativo moral ilustrado.

Baghead se regocija en su presupuesto ultra bajo porque así puede permitirse el lujo de no ocultar las pifias y de dejar al aire los andamios. Como proyecto que pudo no ser independiente, quizá sea divertido imaginar en qué se hubiera convertido esta ácida celebración del cliché. Pero el guión exigía el cutrismo propio de la cámara de vídeo barata y la iluminación natural.


Cuatro actores buscan escribir el guión que los convertirá en estrellas

El ánimo de chiste y burla que respira toda la estructura, gracias al recurso, que ya se acerca a la cultura pop, de revisar los gestos narrativos, hace que el drama de la historia adquiera una dimensión añadida. Sin traicionar la humanidad de los personajes, los convierte en arquetipos dentro de arquetipos.

El resultado es que la película dentro de la película acaba sobrepasando al filme original. Los hermanos Duplass crean un monstruo de tres cabezas metanarrativas que satisface a mi criterio hipster, por su humor negro y su  ingenio.

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Synecdoche, New York – Charlie Kaufman [2008]

02/05/2011 Deja un comentario

La máxima honestidad, representar la realidad tal como es, despachar la complejidad con un sencillo gesto: no hay discurso. La obsesión de Caden está más allá del resto, las anula con un argumento que, aun sabiendo que no tiene apoyo alguno, no deja de ser tan devastador como para silenciarlo todo. La muerte como medida de todas las cosas, como lo absolutamente contrario a la acción, define. Obliga al temeroso a replicar, a producir de manera constante.

El síndrome de Cotard, elegantemente disfrazado de apellido, empuja al protagonista a seguir ese deseo de inmortalidad, de una manera que place a los demiurgos. La re-creación de una parte de la existencia, ad infinitum, como una ofrenda a ese todo. Ese intento de captar el instante al volverlo a poner en escena, una y otra vez, sabiéndose responsable de un bucle.

En el centro: Hazel (Samanta Morton) y Caden (Phillip Seymour Hoffman), rodeados de los actores de la obra.

Pero la representación no es una realidad paralela de dos dimensiones, sino que se revuelve y fuerza el cambio, un cambio que fuerza otro, como una cadena inacabable que acerca a Caden a la tumba mientras, aunque él no se de cuenta, sigue vivo. Porque él dirige su obra pero no es más que otro personaje. Synecdoche, New York es, en este sentido, también una infinitud de películas, una suerte de mezcla entre el montaje de Kaufman y los montajes de Cotard. Una reflexión sobre la memoria,  la representación del tiempo, y la narratividad de algo que empieza siendo un ego pero que se descubre  multiplicado dentro de sí mismo.

Sin duda un salto en la producción de Kaufman, al menos en complejidad y seriedad.  Si bien es cierto que toda la paranoya de esta película está anunciada en el resto de sus guiones, aquí decide llevar esa metanarrativa al máximo. Sería interesante ver cómo la hubiera dirigido Spike Jonze, quien rechazó el proyecto para poder trabajar en Where the wild things are. Aun así, como pasó en Adaptation, está claro que el cine gana cada vez que Kaufman tiene que plantearse su arte.

Network – Sidney Lumet y Paddy Chayefsky [1976]

22/12/2010 Deja un comentario

Hay algo encantador en esos apocalipsis obsoletos, esas imagenes en blanco y negro narradas por una voz aguda que más que narrar grita como el mundo se está desmoronando. En cuanto las empiezas a ver, no dejas de comparar todo lo que dicen con la actualidad, como si estuvieran obligadas a pasar una prueba de frescura para que merezcan ser vistas.  Buscas ese punto añadido, esa lucidez que sólo puede darte un libro cubierto de polvo o un disco de vinilo rallado. Buscas ese “ya te lo dije”, aunque te repugne escucharlo en boca de tus amigos, buscas la voz de la experiencia.
Si el mensaje no pasa la prueba, lo siento, queda catalogado como obsoleto. Se trata de una parodia más del futuro, de la mística numerológica del año 2000. Si resulta que dice la verdad, que coincide en cada maldita palabra con lo que piensas, entonces, ¿qué haces? ¿Te revuelcas en el barro de la autocomplacencia? ¿O acaso entornas los ojos, con esa expresión de preocupación, y te pasas dos horas detectando cada cliché y cada incoherencia?

Es cierto que es tan explícita que a veces insulta a mi inteligencia, que necesita exponer cada uno de sus recursos narrativos y que acaba cansando, pero lo importante es que Network tiene ya treinta y cuatro años. La crítica a la televisión está a la orden del día, de hecho la propia televisión la utiliza. Los gurús mediáticos consiguen su pedacito de share (valga la redundancia) y difunden su mensaje, o su no-mensaje, previo paso por caja. Los dirigentes de las cadenas se bañan en billetes, siempre verdes, con los beneficios que les dan sus programas estrella, aunque se llamen Family Guy o The Simpsons y estén constantemente criticándoles.  Esta gente no tiene tiempo de ver televisión, está demasiado ocupada haciéndola.

Pero, si todo esto ya está dicho, ¿porqué repetirlo? Por eso, más que volver a deleitarme criticando a una sociedad en la que secretamente, y sólo secretamente, no me incluyo, prefiero volver a iniciar el proceso de desmemorización. Es decir, ofrecer más contenidos concretos hasta que yo mismo me olvide de ellos.
Network
sigue vigente porque existe gente como Rupert Murdoch y Silvio Berlusconi. A ambos les han dedicado un magnífico documental para mostrar su control sobre la opinión pública. No se trata de dinero, se trata de generar ideología basura para seguir consiguiéndolo. ¿Dónde están los capitalistas de antes, esos que sólo te chupaban la sangre sin intentar convencerte?

Outfoxed trata el caso de la FOX después de que la comprara Murdoch, cómo nace Fox News Channel y las lindezas de este canal. Desgraciadamente, no tenéis que pagar por él así que no haréis nada ilegal (o alegal) al verlo.
Outfoxed: Rupert Murdoch’s War on Journalism
– Robert Greenwald [2004]

Viva Zapatero! trata el caso de la televisión italiana tras la censura de un programa de humor dirigido por Sabina Guzzanti. Las críticas a Berlusconi y su dominio mediático hicieron que el programa fuese eliminado antes de salir en antena. Aun así salió e hizo más de un 20 de share. No duró otro episodio. Por suerte, éste documental también está colgado.
Viva Zapatero! – Sabina Guzzanti [2005]

 

Network – Ficha IMDB

The Dreamers – Bernardo Bertolucci y Gilbert Adair [2003]

11/09/2010 1 comentario

“Un cineasta es como un mirón, un voyeur. Es como si la cámara fuera la cerradura del cuarto de tus padres. Los espías y te da asco, te sientes culpable, pero no puedes dejar de mirar. Convierte las películas en crímenes y los directores en criminales. Como si debiera ser ilegal.”

En este sentido The Dreamers parece estar formulado como una disculpa, pero ya es demasiado tarde pues el mundo de Théo e Isabelle es demasiado atractivo para salir de él, estamos completamente deslumbrados, no podemos mirar desde fuera. Aunque Matthew pretenda corregir lo abyecto de ese sueño no puede evitar enamorarse de él.

El famoso pasaje de La vida es sueño, las Meditaciones de Descartes o las paranoyas pseudocientíficas del cine actual (Matrix, Orígen,etc.) no consiguen más que rascar la superficie. No se trata de que exista un mundo construido a nuestro alrededor, a modo de cuatro biombos por paredes y un techo de plástico. La ilusión de todas esas construcciones es que no se necesita más que un instante de lucidez para destruirlo, como si fuera tan débil.
El universo que se percibe en ese pequeño piso de centro de París no se cae tan fácilmente, es el resultado de años de tejido e imbrincación de imágenes hasta que todo llega a la harmonía que Matthew encuentra en un mechero, hasta que todo se vuelve traducible. Lo pueril del hecho no debe despistarnos de lo que se esconde detrás, de lo que la película va presentando a medida que profundiza en los dos hermanos. No se trata de un simple juego, sino de la base de su percepción. Todo lo observado es filmado y proyectado, es recibido a través de la pantalla. Todos los sonidos son reproducidos. Todas las caricias son referencias, los gestos son imitaciones. Hasta la muerte es un homenaje.

El “sueño” de los dos hermanos tiene la misma estructura distributiva que la “realidad” de Matthew: una parte de amistad y diversión, amor incondicional y condicionado, una idea de cómo debería ser el mundo y una idea de cómo es en realidad. Aquí es donde yo interpreto la disculpa del cineasta, que sabe que su oficio se ha convertido en un eje rector del mundo moderno con las consecuencias más estrambóticas. De esta manera se nos presenta una versión de los conflictos del Mayo del 68 en París, desde detrás de la ventana, a la luz de una lámpara con la forma de Mao. Pero también desde el suelo, en la comodidad del apaleamiento policial.

La dramatización de la realidad es un camino sin vuelta atrás, la ya mercantilizada cultura popular se expande por doquier y conquista los sentidos de cada uno de nosotros, convirtiendonos en personajes secundarios, transformando las cosas en objetos y las conversaciones en slogans.
Conciente de todo esto, Bertolucci se esfuerza, en cada plano, por hacernos conocer a los personajes, a los actores, a la casa, con la cortesía de quien mira el título del libro antes de apoyarse sobre él, a sabiendas de que aunque no se pueda salir hay que intentarlo.

The Dreamers – IMDB

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Bande à part – Jean Luc Godard [1964]

27/05/2010 1 comentario

El buen cine no es entretenido, aceptemoslo. Normalmente esperamos que el gran cine atrape visualmente, nos ofrezca una atracción inimaginada, porque casi involuntariamente lo identificamos con una especie de hipnosis temporal en que se suspende el mundo y nuestra imaginación vuela, aunque probablemente sólo planea.
Sin embargo, el cine nació como espectáculo de entretenimiento.  Su lugar propio era el circo ambulante, junto a otros espectáculos visuales que sirvieron de precedentes. Con el desarrollo de la industria se tipificaron tramas y estilos y nació el concepto de género y los innumerables clichés que hoy en día detestamos.
Justamente por eso, el cine considerado culto o de autor puede no ser entretenido y eso no es precisamente algo malo. Sencillamente es tomar conciencia de todas las otras potencialidades que ofrece el medio más allá de mantener al espectador pegado sin más.

Sin embargo, ayer encontré el ejemplo perfecto de mediación: Bande à part. Considerada una película menor de Godard, porque no se lanza a la experimentación como en sus filmes más conocidos. Sin embargo, la película goza de una frescura envidiable aunque tenga más de cuarenta y cinco años.
Personalmente creo que el objetivo de Godard era reventar los géneros desde la espontaneidad. Las estructuras que se repiten ante nosotros acabamos interiorizandolas y casi considerandolas evidentes. La película juega con eso, es predecible e impredecible a la vez.  En cuanto se lanza un género a la palestra ya conoces las reglas de juego, pero es destruido de una manera muy natural, pasando al siguiente sin posibilidad de duelo. De esta manera evoluciona de manera muy suave hasta un “happy ending” que no echa a perder nada, sino que mantiene la ironía espontanea, esa actitud que a veces parecen tener los niños cuando los miras y sabes que te están mareando adrede pero sin malicia.
Justamente por eso, el entretenimiento fluye en un proyecto nada presuntuoso y del que no quería hacer una crítica presuntuosa, aunque quizá no lo haya conseguido.

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